Yo no quiero un amor civilizado, Con recibos y escena del sofá; Yo no quiero que viajes al pasado.
A brindar con su silla vacía, Me pedí una cerveza bien fría.
Y que hay que jugarse la boca, siempre hay que tener una buena respuesta para cuando sea necesario).
Carmen y Jesús conocieron a Joaquín en Londres, donde Sabina vivía cantando boleros en restaurantes, experiencia de la cual el propio Jesús Vicente Aguirre nos cuenta: Convivimos con emigrantes que se emocionaban con nuestras canciones y con otras de Manolo Escobar o Antonio Molina.
El perfume tabú de Chanel y el cubata de Larios no acostumbran buscarse un motel cuando cierran el bar.Genial tema del genio de ubeda.No mientas dijo el mentiroso, buena suerte dijo el gafe, ocúpate del alma dijo el gordo vendedor de carne, pruébame dijo el veneno, ámame como odian los amantes.De hecho aprendimos a gustar y cantar boleros con Joaquín Sabina en cualquier restaurante Más tarde Carmen y Jesús le acogieron en Barcelona, donde comenzó a actuar junto a ellos como guitarrista, y luego en La Rioja, siempre como «acompañante de lujo Joaquín Sabina siempre.Peor para el sol que se mete a las siete.El agua apaga el fuego y al ardor los años, amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño.Tú que tanto has.Una preciosa canción.El que nunca se desnuda cupon dell descuento si no me desnudo yo, el caprichoso, el orgulloso, el otro el cómplice traidor.



Fruto de la relacción de Joaquín Sabina con La Rioja, ha quedado para la historia una bella y a la vez dura canción, Princesa, una emblemática canción, con letra de Joaquín Sabina y música.
Qué adelantas sabiendo mi nombre?, Cada noche tengo uno distinto, Y siguiendo la voz del instinto.
Ahora que nada es urgente, que todo es presente, que hay pan para hoy.
En mi casa no hay nada prohibido.Que las clases sociales y la belleza no son barrera para conquistar a una mujer hermosa.Es una canción que habla del desamor, de brasas que se apagan, de la apatía y la rutina que comienzan a dominar una relación, una en la que ya no se consigue provocar sonrisas en la persona que comparte nuestra vida, donde compartir.Maldito sea el gurú que levantó entre tú y yo un silencio oscuro, del que ya sólo sales para decirme, vale, déjame veinte duros.Fue el público quien la impuso.Esta canción tiene casi veinte años (uy!No soy yo, ni tú, ni nadie, son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj.


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